En la sombra de mis árboles todo se deforma.
Pequeños entes se dispersan, abrazando las veredas, jugando por el césped. Y yo danzo alrededor de aquellas sinfonías creadas por la gran naturaleza.
Mi vecina me observa con un rostro parecido a la extrañeza, o quizás, ¿es acaso envidia?

sábado, 6 de agosto de 2011

Unas lágrimas sin final

Mirando el bello deslumbrar de la luna,
mis ojos sangraban largas gotas cristalinas.
Mi boca sintió el amargo gusto de la confusión.
El viento sopló delicadamente sobre el pacto
que un día hice con vos.

Me miraste, o eso yo sentí,
tu mano rozó mi mejilla
tratando de parar al pequeño río que por allí pasaba
y viste que, aún así, yo lloraba.

A pesar de que me consolabas
mi tristeza no cesaba,
pero tampoco dejaba de mirar a ese astro celestial
que sobre mi estaba.

Fue así que, como en un breve eclipse,
no volví a ver a mi luna,
y sintiendo como tus labios recostaban sobre los míos,
mis lágrimas reposaron en aquella hermosa cuna.

No hay comentarios:

Publicar un comentario