Era tan hermoso.
Todos esos detalles, antiquísimos.
Caminé por ese sendero, rodeada de columnas infinitas.
Por las ventanas en lo alto ingresaban centellantes rayos de luz, los cuales iluminaban a la perfección la catedral.
El silencio sepulcral que allí habitaba me hacía sentir una fría oscuridad en mi interior.
Llegué a ver a alguien delante de mí, era extrañamente bello.
Se observaba en él un aura sombría.
Sentado sobre el atril del obispo.
Nadie lo veía, excepto yo.
Me acerqué y me dijo :- ¡ Excepcional !, eres la única humana capaz de verme … ¡ Qué fascinante !- .Dijo mientras me observaba detenidamente.
Su continua y melódica risa inundó mis oídos.
-No eres un ángel – Le repliqué - ¿Qué eres entonces?- .
Entrecerró sus ojos y con sus hermosos labios cerrados me mostró una gran sonrisa .
-Es cierto – Me dijo – Soy un demonio- .
Nuevamente me dedicó una gran sonrisa, luego se esfumó.
No alcancé a reaccionar.
Las columnas agrietadas, el atril destruido.
La luz convertida en oscuridad.
Di media vuelta y me retiré de aquella iglesia que nunca había existido.
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