En la sombra de mis árboles todo se deforma.
Pequeños entes se dispersan, abrazando las veredas, jugando por el césped. Y yo danzo alrededor de aquellas sinfonías creadas por la gran naturaleza.
Mi vecina me observa con un rostro parecido a la extrañeza, o quizás, ¿es acaso envidia?

sábado, 6 de agosto de 2011

Bello dolor

Tan débil...
                    Ya ni volar quiero...

       Trato de estabilizarme, de levantarme y seguir adelante.
                                                                                       Pero, tristemente, no puedo.

Mis alas, ya rotas, se deslizan por el suelo.
           Mis ojos se cierran lentamente.
                       A mis piernas, ya no las siento.


         Miro hacia adelante y te veo.
                         Te observo caer hacia esas aguas que están detrás, mientras tu me ves a mi.

Acercándome, trato de salvarte, y me salpico en aquel hermoso y enorme lago.
             Nado hacia ti, hacia un fondo oscuro y profundo.
                       Por un momento, siento algo pasar por mis piernas. Mis manos te abrazan, te amarran.


        Intento llegar, tomar aire, dejar de ahogarme.  
                     Tus ojos se abren, aquellos bellos zafiros observan con preocupación.


Repentinamente mi cintura está rodeada.
                  Me jala hacia arriba.

                           Hemos llegado, al fin, lo hemos logrado.

La superficie es de lo más hermosa y, tocando aquella morocha tierra, una bella mariposa atrae mi tristeza.

                                                           Estaba muerta.

No hay comentarios:

Publicar un comentario